Antígona, sinónimo de libertad

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Equipo de Antígona

Antígona no necesita presentación ninguna. Es el mayor canto a la libertad que se ha escrito desde su origen en Sófocles hasta autores posteriores como Jean Anouilh que han realizado su propia versión del clásico. Este texto es imperecedero,  no tiene edad ni tiempo al que amarrarse de manera obligada. Puede ser comprensible y aplicable en cualquier momento pero, lógicamente,  cuando el poder se muestra intransigente y el pueblo clama libertad y justicia Antígona cobra mayor presencia.

Nico Romero y  David Kammenos

Nico Romero y David Kammenos

Ahora mismo, representar y llevar Antígona al teatro es un acierto. Rubén Ochandiano, esta vez acompañado de Carlos Dorrego, ha llevado su revisión del texto de Jean Anouilh a las tablas de las Naves del Matadero (Madrid). Si la crítica y el público se rindió ante su versión de La Gaviota lo realizado con Antígona no va a dejar a nadie indiferente.  Siete actores se mueven sobre un marco incomparable. Una escenografía con lo justo y necesario, nada de aditivos que hagan perder la atención al espectador. Todo en la obra tiene su porqué, su razón de estar, su sentido, su papel. Al fondo, aderezado por una tenue luz, el pianista Ramón Grau toca las piezas que acompañan a la obra.  Al espectador, una vez deja su butaca, el soniquete le queda en la mente como hilo conductor, como himno de libertad. El juego de luces que se ejecuta en Antígona es espectacular. Gómez-Cornejo mantuvo hasta el final el secretismo entorno a la estructura de iluminación y no era para menos.

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David Kammenos, Sergio Mur, Toni Acosta y Rubén Ochandiano

Najwa Nimri aparece por primera vez en unas tablas para dar vida a uno de
los papeles más ambiciosos de cuantos se han escrito para una mujer. Dar piel a Antígona no es tarea fácil pero Nimri lo hace con total naturalidad, como si esa Antígona se hubiese basado en ella. Pone su cuerpo, garra y fuerza a disposición de la hija de Edipo que luchará hasta la extenuación para dar un final digno a Polinice, su hermano. El juego entre Najwa Nimri y Rubén Ochandiano, Antígona y Creón, sobrina y tío respectivamente, es soberbio. La tensión crece, el corazón se acelera y las lágrimas brotan conforme la historia se adentra en la recta final. Un juego peligroso entre ambos, de verdades y realidades ocultas. Ochandiano, quien primeramente iba a centrarse en la dirección y terminó por convertirse, además, en uno de los papeles fundamentales de la historia, da vida a Creón, la figura del poder en todo este entuerto. Encarna la ambición, la dureza, el poder corrompido por el poder, la figura incuestionable de un gobernante nada legal. Hablar de Ochandiano es hablar de solvencia, de profesionalidad a raudales, de todo terreno de la interpretación y últimamente también de la dirección. La soberbia, ironía, cinísmo y poder de Creón se combinan en la piel de Rubén Ochandiano. El resto del reparto, está a la altura de los citados. David Kammenos nos impregna de la elegancia francesa al servicio de la trama y de Creón. A destacar Nico Romero. Al igual que Najwa Nimri era uno de sus primeros papeles con peso en el teatro. Su papel, harto complicado por la combinación de género, consigue solventarlo con maestría. Capaz de pasar del

Najwa Nimri y Nico Romero

Najwa Nimri y Nico Romero

pánico, al humor, al sarcasmo o a la rabia en un abrir y cerrar de ojos. Sergio Mur, Hemón hijo de Creón, pieza fundamental de la trama. El giro que realiza Mur de su personaje es bestial. Su mutismo y servidumbre hacia la figura paterna se tornará en una actitud imprevisible. Cuestión de amor. ¿Qué decir de Toni Acosta? Si después de La Gaviota quedé perplejo ante sus dotes dramáticas, con el papel en Antígona volví a experimentar la misma reacción. Es indudable que Acosta posee una vis cómica que todos conocemos pero cuando el drama se apodera de ella, amigos disfruten. Acosta tiene un personaje frágil, protector y absorto por los establecido. Finalmente pero no por ello menos importante, Berta Ojea nodriza barbuda que consigue sacarte alguna sonrisa al principio de la obra. Dulce y asustadiza. Su cara muestra el destino como si estuviese diciéndolo a voz en grito.

Antígona es sublime, un orgasmo para los sentidos. Un texto que invita a una  reflexión ineludible hasta el 17 de marzo en las Naves del Matadero de Madrid. Posiblemente sea una de las mejores obras de 2013. Un montaje que, esperemos, puedan disfrutar el resto de ciudades. En todo caso, amigos no se les ocurra perdérsela.

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Un comentario en “Antígona, sinónimo de libertad

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