Cine

UNA VENGANZA FRÍA                                          03.05.2015

La venganza es un plato que se sirve frío, dice el dicho. Nunca una frase hizo mayor honor al trasfondo de una película. Así, de esa manera, frío es como quedé tras el visionado de Tiempo sin aire de Andrés Luque y Samuel Martín (Agallas, 2009). Todavía no sé si tirando a estado gélido o a temperatura ambiente, todavía a estas alturas, una semana después de asistir a su pase no sé si me ha gustado o no.

La película tiene buenos ingredientes. Una trama repleta de giros imprevistos que siempre se agradecen, una historia dura que atrapa al espectador, un elenco notable y y una factura considerable. Sin embargo, no termina de llegar. Le falta algo. O le sobra. Quizá su intención de añadirle un condimento para hacerla más comercial con la intención de que enganche al público le hace perderse en la narración. Parece como si su estructura, en ocasiones, se basase en aquello que puede gustar al público. Destaca el sorprendente giro del personaje interpretado por Carmelo Gómez, que nada en agua de nadie, que se bandea en la pendiente de un personaje sin definir. Muchos pueden pensar que tras ver el resultado del filme haya tomado la decisión, como ha anunciado, de dejar el cine y volcarse en el teatro. Posiblemente no sea la razón pero quizá tampoco hay

a ayudado.

En todo esto, si algo merece especial mención es Juana Acosta. La actriz interpreta a María, una madre que busca vengar la violación de su hija. La historia es eso, en ocasiones excesivamente dilatado en el tiempo. Una venganza que se hace larga, estirada. Acosta se enfrenta a su mejor interpretación hasta la fecha. De ella sería el Goya si no se lo fuese a arrebatar Natalia de Molina por su papel en Techo y comida. La actriz esta precisa en su actuación, no se excede en pro del llanto fácil, está contenida, mantiene la venganza en su rostro disfrazada por un halo de madre protectora de su otro hijo. Además de la interpretación de Acosta, el mensaje final es para la reflexión. Y a mí una película que te deja poso me merece un respeto, como mínimo. María hace oídos sordos a su alrededor por su sed de venganza. Se cierra al a

mor, es más, lo utiliza en su beneficio. Cuando consigue recuperar el oxigeno, cuando consigue quitarse la losa de la venganza entonces sus fosas nasales se abren para recuperar el aire que había perdido.

Tiempo sin aire se deja ver. Te deja la tarea de la reflexión. De cómo nos cegamos en ocasiones por la venganza. De cómo perdemos el aliento de nuestro alrededor por una obsesión insana.

CINE DE DESPEDIDA                                                            30.04.2015

¿Cómo sobrevivir a esta película? Los críticos, espectadores y amantes del séptimo arte que asistieron al pase del Festival de Cine de Málaga comentaban a la salida y en corrillos posteriores que la última película de Manuela Moreno no era gran cosa. Para pasar un rato entretenido -decían algunos. Pero eso sí, todos se detenían a exaltar la buena labor de su directora.

El pretexto es organizar una despedida inolvidable a Gisela, interpretada por Celia de Molina. Toda la troupe se desplaza hasta Gran Canaria para celebrar los últimos días de soltería de la responsable del grupo. Todos viven su propio drama que va saliendo a relucir conforme pasan las horas. Nadie ha conseguido ser quien quería ser. Todos viven de espaldas a sus sueños hasta que la realidad se les presenta de la noche a la mañana como un aldabonazo. Un elenco que encaja a la perfección con Natalia de Molina o Úrsula Corberó.

¿Cómo sobrevivir a una despedida? Es una especie de Resacón en las Vegas a tope de despiporre, con trasfondo noventero. El espectador que vivió con las Spice Girls como banda sonora de su pubescencia se encontrará de alguna manera vinculado. Algunos gags funcionan por aquello de que no les pueden pasar más cosas. Estilismos imposibles, caídas torpes, chistes fáciles o frases que están en el imaginario de todos son algunos de los ingredientes de esta alocada comedia que entretiene. No existe peor adjetivo para definir una película. “Entretenida” es ni frío ni calor. Algo para el momento con caducidad instantánea conforme cruzas la salida de la sala.

Como se suele decir, la película se deja ver. Ofrece lo que se espera de ella, ni más ni menos. Cine comercial, sin ser esto nada peyorativo. Cumple su función. En el palmarés brilló por su ausencia. Ahora la taquilla manda.

 

RARAMENTE ÚNICA                                                                      09.05.2014

“Son muy raros”, decían algunos tras el visionado de “Los amigos raros” la última de Roberto Pérez Toledo (Seis puntos sobre Emma, 2011). ¿Quién no es raro?, me preguntaba yo. ¿Bajo qué prisma miramos la rareza? ¿Desde nuestra atalaya de persona, supuestamente, normal? La “rareza” es una virtud, genera interés, lo convierte en único, en un ser preciado porque no hay más.
La obra (maestra) de Pérez Toledo no solamente te deja noqueado en su primer visionado, lo consigue cada vez que te asomas al visor de esa cámara por la que van pasando todos los amigos de Sam. Él es el protagonista de una destrucción personal y colateral, encarnado por Adrián Expósito, este Sam arrasa a todo el que tiene a su lado, hiere antes de que le hieran, es incapaz de amar a nadie más que a sí mismo, a su propio ego. Pero no hay que juzgarle con tanta premura. Quizá no sabe amar. Eso es una virtud, no todo el mundo es capaz de amar. Amar depende de muchos factores internos de cada persona, de mucho bagaje, de muchos problemas sin solucionar, de mucha introspección, de querer pensar que nadie es capaz de entenderte como tú te entiendes.

Sam hiere porque está herido. Lo disfraza de soberbia, de prepotencia pero solo es una coraza. Todos esos amigos le hacen ver la realidad. Desfoga sus más bajas pasiones con diestro y siniestro, algo rapidito y, sobre todo, que no deje huella. No le puede dejar huella, es incapaz de asimilar esa huella.
Sam vive su historia como si se tratase de esas que escribe y dirige, es una manera de plasmar sus frustraciones. No busca historias para saber de qué escribir como le apunta alguno de los raros, escribe sobre aquello que le atormenta y que solo a través de esa vía puede sacarlas a la luz, disfrazadas, sin que nadie se entere, y sin salir dañado.
Este mediometraje hecho sin recursos económicos está lleno de verdad, está repleto de vivencia, de alma, de corazón. Una hora, no necesitamos más para sumergirnos en esta historia que te golpea tan fuerte que es irresistible temblar al verse en la piel de Sam o de alguno de los otros personajes. Porque las redondas frases que se lanzan como balas durante la historia te estremecen.  Contada de manera elogiosa, intercalando a los amigos raros de Sam con los momentos vividos en común. Reunirlos a todos para hablar de Sam ante su aparente suicidio.
Una historia rara, con personajes raros, y contada de manera rara que simplemente la hace única.

NO ES PARA TANTO                                                                19.04.2014

O los espectadores tienen mucha facilidad para la risa o yo soy muy complicado para que algo me haga gracia. Ocho apellidos vascos no es para tanto. Estuve esperando durante las casi dos horas que dura la película a que llegase el momento. Y digo “el momento” porque no esperaba varios momentos cumbre, sabía que la historia no daba para tanto, pero sí esperaba ese instante en el que no cupiese en la butaca de la sonora carcajada. Me agarraba a los reposabrazos esperando el momento preciso para la buena risa. No llegó.

Posiblemente no sea culpa de la película, ni del director, Emilio Martínez-Lázaro,  ni por supuesto de los actores, seguramente será problema del boca oreja. De todo esto que se ha formado alrededor del filme sin pretenderlo y que la ha convertido, de cara a los que todavía no se han acercado a las salas a verla, en una de las películas de la historia. No hay momento de risa, hay momentos de sonrisa. De mueca amable y complaciente pero poco más. Los actores sostienen una historia manida por los americanos. Chica se encuentra con chico, chica engaña a su padre de cara a una boda falsa. Triunfó el amor. Como telón de fondo, algo que nos toca de cerca, los tópicos de nuestras diferentes culturas. Eso es lo elogiable, la buena intención
de reírnos de nosotros mismos, sacarles los colores a los espectadores que consideran que todo lo vasco está relacionado con la ETA y que los andaluces son unos vagos. Aplaudo eso pero poco más. Mención especial, lógicamente, merecen Carmen Machi y Karra Elejalde que se meten en este entuerto con la maestría interpretativa que les caracteriza. Dani Rovira, para ser su primera vez, se desenvuelve con soltura y Clara Lago resulta hasta convincente. Esas son las bazas de la película que se desarrollan en una historia que aporta poco.

Ocho apellidos vascos lleva liderando la taquilla cinco semanas, desde su estreno. Ha recaudado hasta la fecha más de 30 millones de euros, es la película, rodada en castellano, más vista de la historia del cine español, pero, ¿por qué ha logrado semejante éxito? Es fácil, las primeras semanas no tenía una competencia firme. Luchaba contra otras películas dirigidas a grupos, a sectores, Ocho apellidos vascos era accesible para toda la familia. Una comedia blanca, sencilla, amable destinada para pasar un buen rato y con Dani Rovira al frente que cae bien a todo el mundo. A veces no es lo que se estrena sino cuándo se estrena. Salió el mismo día que Dallas Buyers Club que venía de los Oscar donde Matthew  McConaughey se había alzado con el de Mejor Actor por este papel protagonista, pero salvo los muy entendidos pocos sabían de esa noticia.

Me alegro de que el cine español esté en lo más alto aunque sea con esta película que posiblemente genere frustración en el espectador que llevado por el rebufo del la expectación se acerque al cine y descubra que no es para tanto.

NO SEAN KAMIKAZES                                                            05.04.2014

Suelo sentir cierta aversión por aquello que se vende como comercial. Esa bonhomía accesible para todos los públicos, rompetaquillas que parece que únicamente buscan eso, vender entradas en perjuicio de la historia.

Kamikaze viene envuelta por ese halo. Una película con una historia repleta de rostros reconocibles, premiados y admirados por el público. Ingredientes más que suficientes para convencer al maleable espectador. Pero Kamikaze juega bien. Muestra lo que promete. Álex Pina ha querido recoger en su ópera prima diferentes géneros. Esto puede ser un inconveniente, puede hacer que se quede a medio camino, que quiera abordarlos todos y no aborde ninguno. Para ser la primera no está mal, diría yo. Pina ha jugado todas las cartas con soltura envuelto por un equipo actoral que levanta la película. Nombres como Carmen Machi, Eduardo Blanco o un más que convincente Álex García componen el trabajo.

La comedia que se desarrolla en la película te roza, te saca una sonrisa pero no
hay intención de que te descuajaringues en la butaca a mandíbula batiente. Pina no quiere eso. El drama te toca, te emociona, te saca la lagrimita con patriotismo erróneo, vínculos destrozados y vidas que se encuentran para entenderse. Todo termina con buen sabor de boca, Todo muy optimista, nadie rompe, nadie cae, nadie se destroza. Todos vuelven a su casa como una chupipandi, quizá ahí resida el problema. Esa falta de realidad. Pero todo es una lección. Hay un mensaje de que “sí se puede”, comentaba Verónica Echegui. Quizá con eso hay que quedarse, su intención la cumple. Te da una inyección de optimismo.

Seguramente como esta película encontraremos mil dentro de cinco años. Contadas de manera diferente pero con un mensaje similar. Tampoco podemos denostar esta historia por esa razón porque si fuese así no habría cine desde hace lustros. No esperen de Kamikaze la película del año, pero si van con la mirada correcta la disfrutarán. No le exijan lo que no quiere dar. No me sean kamikazes.

AMOR A DISTANCIA                                                                  05.04.2014

El amor en la distancia. Un clásico. Una historia reiterada hasta la saciedad, no solo en la vida real sino en las narraciones literarias o cinematográficas. Pero 10.000 km, la película ganadora de la Biznaga de Oro del Festival de Cine de Málaga, se sumerge en una visión diferente, en un punto de vista dolorosamente real. El amor en la distancia mantenido a través de la tecnología.

Todo al principio es normal, mágico, incluso ese aliciente de novedad le da un punto a la relación pero todo acaba por diluirse, por perderse por el camino. Carlos Marques-Marcet dirige una película tan sencilla como real. Es imposible no sentirse identificado con algunas de las escenas entre Natalia Tena y David Verdaguer, los dos actores del film. Ambos mantienen una química que se agradece, creíble, desgarradora y emocionante a partes iguales.

Quererse con kilómetros de por medio no es fácil. No rozarse, no tocarse, no besarse durante un año se torna al final en algo prescindible. Esas muestras de cariño habituales en una pareja acaban por convertirse con la distancia en una simple necesidad de sexo provocada por la soledad. El cariño comienza a decaer, lo que era necesario se vuelve complementario. Este filme cuenta en varias escenas esa realidad.

Recuerdo dos momentos que de una manera u otra todos hemos vivido. Verdaguer harto de comprobar como todo se va destruyendo decide mandar un email a Tena. Escribe, borra, reescribe, pregunta, afirma, cierra el mensaje, lo vuelve a iniciar. Se siente culpable, se siente valiente, se desmorona, se viene arriba. Las palabras más simples se convierten en un mensaje con doble intención. Otra es en la que varios días después de comenzar esa distancia, después de verse varios días a través de una pantalla, no tienen nada que decirse. Una está a lo suyo, y él otro a sus cosas. No se hablan, no se miran, no se cuentan nada. Anécdotas que antes pondrían en común comienzan a formar parte de una vida individual en la que el otro está dejando de formar parte.

No he visto nada más ejemplificador y realista que esta historia. Este amar en tiempos de internet. Esa distancia en el amor que se vive de manera diferente a como se vivía sin tecnología. Estos guiones se agradecen, el Festival de Málaga se convierte en el descubridor de talentos, de cine de autor sin condimentos que te llega al corazón. De ese cine que te aporta algo que no solo te invita a un viaje sino que vives como propio ese viaje. Así es 10.000 km, una relación duramente realista.

CINE LOVE COST                                                                                23.02.2014

Llevo un fin de semana de cine español. De buen cine español, porque haberlo “haylo” y mucho. Stockholm es un ejemplo. Se estrenó en en el Festival de Málaga en 2013, sin pretensiones, las mismas que Sorogoyen tuvo cuando empezó a rodarla. Todo partió de cero: sin dinero, sin grandes localizaciones, sin nada. Se rodó por las calles de Madrid y en el piso del mismo director. Pidió subvención a familiares y amigos. De esa “nada”, de ese partir de cero salió esta joya. Un diálogo, un tête à tête entre dos promesas de nuestro cine. Aunque ya tienen su pequeño recorrido esta película les encumbra, les hace piezas indispensable de nuestra industria. Aura Garrido y Javier Pereira charlan, se gustan, se atraen, se rechazan, huyen, se ríen, se buscan, se pierden entre sus historias personales hasta unirse en una común. No tiene alardes y eso la hace mágica. Esto es un indicativo de que el cine no necesita de grandes efectos, ni colosales preparaciones. Una historia bien contada puede invitarte a un paseo único. Amo este cine, este cine que se basa en la palabra que no atonta con impresionantes imágenes para perder la atención en lo que se dice. Aquí importa encontrarse, sentir, conocerse, eso que parece que se pierde en la vida real con otros aderezos tecnológicos. Stockholm es cine elegante, para un sector que disfruta de la calidad. Este año nuestro cine ha dado algunas de las mejores películas de los últimos años, goza de una buenísima salud levantándose ante la adversidad de la crisis, la escasez de subvenciones y el 21% de las narices. Este también es nuestro cine, este es el cine que predomina en nuestro país ahora, para todos aquellos que siguen anclados en que el Cine Español son tetas y Guerra Civil. Esos que sin conocerlo hablan. Que dejen hablar a Stockholm que lo hace mejor y callará palabras maldichas. Este es cine de bajo presupuesto pero hecho con mucho mimo. Es cine Love Cost.

 

UNA PELÍCULA PASAJERA                                                          21.03.2013

Los Amantes Pasajeros rinden honor a su título. Una película pasajera, olvidable y prescindible es lo último de Almodóvar. Asistí al cine, como seguidor acérrimo del manchego, sin demasiadas expectativas dadas las críticas que habían campado por los medios en los últimos días pero tampoco con la decepción en mente. Tenía que haberme hecho más a la idea. Como reza uno de los títulos del doblemente oscarizado director: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Quiero pensar que, tras la intensidad dramática de sus últimas películas o el velado thriller de La Piel Que Habito, Almodóvar hizo caso a las voces que le pedían aquellas comedias ochenteras que tanto éxito le proporcionaron como Mujeres al borde de un ataque de nervios. El problema también ha sido pecar de nostálgico. Llevar por bandera, o que los medios hayan hecho hincapié en esa vuelta al pasado cómico también ha creado unas expectativas alrededor de la película difíciles de cumplir.

El último film de Almodóvar se presenta como algo gamberro, loco, casi rozando el absurdo. La cuestión es cuando te pierdes en la absurdez hilvanando historias sin demasiado fuste ni cuerpo. El sexo y la droga se entrelazan con historias vanas, carentes del más mínimo interés. Desde una primera escena entre Penélope Cruz y Antonio Banderas donde parecen recién salidos de una Academia de Interpretación la película comienza a flojear. Parece que remonta el vuelo, chiste recurrente donde los haya, cuando las historias empiezan a entrelazarse, pero no se le saca partido y queda en agua de borrajas. Una ristra de cameos del que destacaría la siempre impecable Carmen Machi, con un personaje que recordaba a su paso por Los Abrazos Rotos. La Machi sabe sacarle partido a esa maruja que lleva dentro y Pedro, más que darle pequeños papeles debería haber visto en ella a una protagonista de un film. Una mujer de cara amable y pasado oscuro de asesina. Pero ese es otro cantar. Si algo tiene de bueno esta película pasajera es su plantel de actores. Muchos de los espectadores con los que he comentado la película coinciden en que si este último trabajo del manchego hubiese sido perpetrado por actores noveles la película se habría caído por todos los lados.

Todos los directores, actores o gente del arte en general puede tener una obra floja o incluso muy floja. Pedro Almodóvar está considerado como uno de los mejores directores españoles y su infinidad de premios así lo avalan. A Pedro se le exige más, no puede presentarnos este despropósito después de obras maestras. Las prisas y las presiones no son buenas y le han pasado factura. Quiero olvidarla, esta película no ha pasado, no ha sido real. Almodóvar puede hacer cosas mejores, lo sé, no tiene porque subirse a la comedia, el drama con tintes irónicos se le da a la perfección. La situación actual del mundo está llevando a los artistas a buscar la cara amable, simpática y divertida en todo lo que hacen con el pretexto de: “Hay que reírse con los tiempos que corren”. Quiero sentir con una película, con una canción o con un libro, para reírse siempre hay tiempo. Si la historia es buena, aunque sea un drama, da igual los tiempos que corran. Aquí contemplamos arte. Espero que El Deseo ya esté pensando en la sucesora de esta olvidada película.

MERYL STREEP, LA DAMA DE HIERRO                                         08.01.2012

La Dama de hierro, la nueva película protagonizada por Meryl Streep sobre La vida de la ex Primera Ministra Margareth Thatcher, se estrenó el jueves 5 de enero, al parecer, con una considerable acogida. En Twitter, esa red social pseudorealista, alzó el nombre de la película hasta el tercer puesto de los temas más comentados del día.
Tuve la oportunidad de ser uno de los primeros en ver el film y poder comprobar todos esos comentarios de alabanza. La película en sí se reduce a un público considerable, podría ser de derechas, aunque personalmente opino que en este caso no es necesario pertenecer a ningún bando político para sentarse en la butaca. La misma Meryl Streep, izquierdista confesa, ha encarnado a una mujer que llevó su poder hasta el extremo, su derecha hasta puntos a veces un tanto autoritarios por defender sus ideales. El retrato que se hace de Thatcher, creo, que le hace justicia. La Streep muestra con absoluta destreza la parte más álgida de la Dama de Hierro así como su caída hasta el ostracismo olvidado y recluida en una casa bajo la batuta de un incipiente alzheimer.
La actual situación de Thatcher que se muestra en la película es la de una mujer agarrada a sus recuerdos, imposible de olvidar la huella de su marido con el que habla y en alguna ocasión le dice Shall we Dance? Quizá esa parte de la película también sea atractiva. La directora Phyllida Lloyd ha sabido conjugar a la perfección afecto, familiaridad, dureza, el machismo en la política inglesa y una biografía repleta de contrastes evocados a la perfección. ¿Es necesario que para ver esta película te guste tanto la política como la historia? Es condición sine qua non para disfrutar del film, pero bien es cierto que aunque no te atraigan excesivamente ambos temas, la vida de Thatcher es lo suficientemente atractiva como para engancharte.
Pero la que lleva la película sin lugar a dudas es ella, un portento de mujer, una actriz entre las actrices capaz de mimetizarse en la Thatcher hasta tal punto de convertirse en ella. No consiste en una mera imitación, consiste en el despliegue de una dotes actorales que poseen pocos para conseguir: andar, hablar, esforzarse o gestualizar como Thatcher. Meryl Streep, que merece un Oscar honorifico para toda la vida, ya no solo por este film si no por toda su carrera, crea a una Margaret Thatcher en ocasiones confundible con la realidad. La interpretación de Meryl Streep te subyuga, te engancha, es necesaria de alabar en cada una de sus escenas. Por ejemplo, en el caso que Thatcher tuvo que tomar la decisión de hundir una barco argentino en la Guerra de las Malvinas, ese “¡húndalo!” suena tan rotundo, tan patriótico, tan Thatcher que olvidas que quién realmente lo dice es la Streep. Lo mismo sucede en las escenas del Parlamento inglés, en las ruedas de prensa improvisadas, en la ambición de la Dama de Hierro, en la constante seguridad de que todo lo que hacía lo hacía bien, en ese rostro impenetrable mientras la ciudadanía le acosaba a causa de las privatizaciones espectaculares en la zona inglesa durante su mandato.

La película habría perdido toda su relevancia y realismo si hubiese sido otra actriz la que encarnase a Thatcher, dudo que nadie pudiese llegar al nivel de mimetismo de Streep. Pero si las escenas de la vida pública de Thatcher, interpretadas por la actriz son sobrecogedoras, mejor resultan las escenas de la vida privada de la ex Primera Ministra. Cuando se realiza unbiopic, para un actor, lo más difícil es interpretar esa parte de la vida de la que no existen imágenes sobre las que apoyarse, ese rincón privado sin testimonio gráfico. Pues bien, Streep  consigue hacer creíble esa parte. Las escenas al borde de la angustia del recuerdo familiar, el suicídico recuerdo de las bombas del IRA que por poco se llevaban a su amado esposo por delante son momentos emocionantes que consiguen ponerte el nudo en la garganta. Pero esa relación madre hija, esa escena sobre la cama donde la hija le lleva a la realidad de que su recuerdo está perdiendo fuelle es una de las más tiernas del film.

¿Les recomiendo la película? Maticemos. ¿Les gusta una buena interpretación? ¿Les interesa la política y la historia? Entonces, sin duda es su película. Ahora, si lo suyo es el cine blando, vacío, donde la interpretación y la historia solo es necesaria para pasar un buen rato, elijan la típica comedia americana que les satisfará más.

UN GOYA AL CINE ESPAÑOL                                 15.02.2010

Impresionante la gala de los Goya de ayer. Después de las soporíferas galas que hemos aguantado hasta el momento, la de ayer noche fue un aire nuevo, mucho más ligera y llevadera. La dirección de Buenafuente dotó a la ceremonia de un toque humorístico inteligente que pocas veces se recordaba. En ocasiones le vi perdido, fuera de lugar e incluso incómodo, que quizás son cosas mías, pero seguramente los nervios no le dejaron disfrutar como le habría gustado. He de matizar que lo que estaba fuera de lugar no era él para con la gala si no de forma inversa. La gente algo estirada que ocupaba su butaca en ocasiones le costaba sonreír, como si de un casting se tratase, se buscaba con las cámaras la risa más falsa de la noche. Y no porque los chistes fuesen malos, si no porque la mayoría de esta gente es demasiado correcta de cara a la galería. Recuerdo el momentazo, PAZ VEGA. Andreu alcanza la butaca de la supuesta andaluza, y digo supuesta porque parece haber olvidado el acento en casa, se sienta junto a ella y le dice en tono jocoso, lógicamente, que controle las ganas de besarle a lo que la Vega responde, de una manera tajante y con risa tonta, algo así como que ni se le pasaría por la cabeza, a lo que BFN no sabe que cara poner.

Unos efectos especiales innovadores, la simulación de un tsunami o la amable y divertida visita de Pocoyó digna de mención por la buena resolución de la jugada son algunas de las anécdotas técnicas de esta última gala. En cuanto a los invitados, una radiante Penélope Cruz junto a su churri, Javier Bardem. Los internacionales actores, mostraron una simpatía prácticamente desconocida. Ambos presentaron premio pero no recibieron ninguno, aunque la nominada sólo fuese ella. Por otra parte encontrábamos a un impasivo Amenabar que cambió de postura 2 veces en toda la noche. Ágora se llevó los premios de la parte técnica pero no recibió el de mejor película quedando por detrás de Celda 211 que fue la merecedora y vencedora de la noche. Una gala tremendamente reñida sobretodo a nivel actoral. Lola Dueñas se hizo con el galardón a la mejor actriz protagonista por “Yo también”, premio que perdían Penélope, Maribel Verdú y la desacertada, Rachel Weisz. En la parte masculina, Tosar fue el ganador del premio a mejor actor protagonista e indiscutiblemente meritado por su impresionante papel en Celda 211 en el que interpreta a Malamadre de una forma soberbia. Como reparto se alza con el trofeo otro grande que es Raúl Arévalo por su conservador papel en Gordos y como actor revelación el, totalmente, nuevo en el cine, Alberto Ammánn protagonista junto a Tosar en Celda 211. Lo vieron pasar otros tres buenos actores: Fernando Albizu, Gorka Otxoa y Pablo Pineda.

A destacar en mayúsculas, las apariciones de Rosa María Sardá, con un traje poco favorecedor, y el manchego, Pedro Almodovar. El cineasta entró al final de la gala como broche de oro y el Palacio de Congresos de Madrid se puso en pie para aplaudirle y agradecerle de manera callada su regreso a la Academia del Cine. Por otra parte, la Sardá, bromeó con Buenafuente cerrando la noche con él. Digno es de mención el homenaje a Mercero. Por lo visto, y  es algo que pocos sabían, el cineasta que tan buenos trabajos nos ha ofrecido, sufre de alzheimer. Su última película como director, ¿Y tú quién eres? no era más que un retrato de aquello que años después iba a sufrir. Un gran director que sin duda marca un antes y un después tanto en televisión como en cine y que ahora le encanta pasar los días “Cantando bajo la lluvia”.

En conclusión, una gala emotiva de un cine español en auge. Aunque en ocasiones, con los premios a Ágora, perdiésemos la noción geográfica y cultural de nuestro cine ya que la mayoría de los vencedores eran de habla extranjera y olvidábamos por momentos la pasión por lo nuestro. Un trabajo exquisito de Álex de la Iglesia al frente de una Academia que hace años andaba dando tumbos a las manos de González-Sinde y ahora parece estar en pleno apogeo con el apoyo de cerca de 6 millones de espectadores.

CINE AMERICANO VS CINE ESPAÑOL     30.08.2008

La batalla del cine español siempre ha estado presente. Continuamente se ha visto comparada con la que se considera la gran potencia del cine que es EEUU. Pero, últimamente, me vienen a la mente continuas contradicciones a este hecho, repetidamente pienso que EEUU no debería considerarse una potencia tan grande en cuanto a cine se refiere, me explico.

EEUU debe lanzar al año una media de 20 películas pero analicemos su contenido. De esas 20 películas 10 son esas insufribles comedias americanas en las que se entremezcla un romance que siempre suele acabar en bodorrio. La historia no cambia prácticamente ya puede ser: ejecutiva, una sin rumbo o una niñera, en todas se cruza el hombre de sus vidas, un hombre atractivo y que parecen pintarlo como el único ser sobre la faz de la tierra. Resumiendo: películas vacías y repetitivas que se llevan haciendo más de 20 años. Pero, no solo de  este tipo de pasteladas vacías se alimenta el cine americano. También encontramos un clásico: La batalla de los suegros. Los padres de él, Los padres de ella, Conquistando a mi suegro… decenas de películas sobre la misma temática y que todas comparten el final de la aceptación de la nuera o el yerno. ¿Les destripé el final? Lo siento.

Seguimos restando… a este 10 que nos ha quedado le restamos un 5 de películas falsas, es decir, películas que duran 2 horas y que 1 una hora y media esta hecha por ordenador. Quedan muy bonitos los efectos especiales, entiéndanme, pero digamos que en este caso la historia se relega más a un segundo plano. Es necesario mostrar el poder ante una película y es lo que se pretende, escenarios falsos, acciones construidas al milímetro… ¿dónde está entonces la buena interpretación que yo, al menos, busco en una película? Pues será una media hora distribuida a lo largo de la película, ¿pago 6 euros por ello? No hay más preguntas, Maira.

Nos quedan 5 películas. 2 son los remakes, es decir, una película que procede de una lanzada anteriormente. Para que me entiendan: Rambo, Indiana Jones… Son films que proviene de una anterior, pero no estilo El señor de los anillos, eso sería una saga ya que se continua una historia, en las anteriores, en cada una de ellas se cuenta una historia, supuestamente, diferente pero con muchas cosas en común. ¿Dónde está entonces la imaginación? Esta claro que a veces sirve más agotar un éxito pasado al máximo pero queda en evidencia la inteligencia del que lo lance ¿Ya se nos han acabado las ideas que tenemos que alimentarnos de ideas pasadas?

Si lo recuerdan nos quedan 3 películas. Esas tres podemos llamarlo el cine bueno. Películas estudiadas, que te emocionan, que te intrigan o que incluso te hacen reír sin necesidad de tener como referente otras. Hay comedias americanas que no tienen el mismo trasfondo que las pasteladas de las que hablábamos, ¿qué son comedias románticas? De acuerdo, pero no todas son desechables, algunas tienen un trasfondo que hace esa película especial y, por tanto, diferente a las demás. Me viene a la mente Posdata: Te quiero, esta película tiene una base romántica pero te cuenta algo diferente, te emociona y a la vez te hace sonreír. Te clava en el sofá hasta llegar el final. Esas son las películas de las que os hablo. El buen cine también procede de EEUU pero en mi opinión en menor cantidad de la que pensaba y esas son las que luego recibirán los Globos de Oro o Los Oscar. Pocas por no arriesgarme a decir ninguna de esas pasteladas de las que hablábamos consiguió un Oscar, y no me extraña.

Pero no solo tengo veneno para el cine americano, también me queda algo para el español, pero menos. Últimamente el cine español me sorprende gratamente. Gracias a Dios todavía quedan buenos directores como: Alex de la Iglesia, Almodóvar, José Luis Cuerda, Mercero… Gracias a estos genios el cine español avanza. En nuestro séptimo arte no solemos encontrar pasteladas de las que hablábamos o remakes, nuestro cáncer en el cine son las películas pseudo-porno, esas en las que se pasan más tiempo en la cama que fuera de ella. Esas son las que crean mala fama al cine español y las que hacen creer que nuestro cine es todo así y no lo es. El cine español, en mi opinión, contiene los dramas más conmovedores de la filmografía, prácticamente, mundial. Películas que te hacen soltar la lagrimilla y que te ponen el nudo en la garganta. Esas son las buenas, películas que crean algún sentimiento al espectador. Pero hay algo que me preocupa, se está comenzando a extender las películas de la temática franquista y eso no me gusta. Consiento una a las mil pero últimamente se han lanzado bastantes de ese contexto social. Lo bueno, por buscarle algo bueno, es que cada una de ellas trata algo diferente de esa época. Por suerte, las pseudo-porno de las que os hablaba cada vez son menos frecuentes y se apuesta más por el buen cine: las buenas comedias, los buenos dramas o la buena intriga. Nuestro cine avanza imparable y con ella nuestro elenco de actores.

Esta claro que hay mucho referente actoral americano eso es indiscutible: Robert Redford, la inigualable Meryl Streep, Susan Sarandon, Morgan Freeman, Richard Gere… Pero creo que nosotros no nos podemos quejar y es más, cada vez América nos los pide con más frecuencia. Recuerdo una frase que dijo Javier Cámara cuando le ofrecieron salir en “El diablo se viste de Prada” y desestimó la propuesta, comentó: “Yo me siento bien con mi cine, si me ofrecen algo fuera y considero que no me gusta no lo voy a  coger por mucho que signifique cruzar el charco, mientras tenga trabajo y hago lo que me gusta, me conformo” No es literal, pero vino a decir eso.

En conclusión que nuestro cine va en aumento y el americano lleva tiempo estancado aunque a veces se le escapa alguna película de las buenas. Nuestros actores siguen imparables y los suyos no paran desde hace tiempo. Paradojas de la vida, la gran potencia mundial pierde fuerza cinematográficamente y nosotros, que seguimos en crisis o desaceleración, como se quiera llamar, seguimos progresando y a gran velocidad.

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