Entrevistas

ENTREVISTA A ÁNGEL RUIZ:

“El teatro tiene mucho que decir y hacernos pensar”

Ángel Ruiz fue uno de los presentadores de la última edición de los Premios Max. Es uno de los actores más versátiles de nuestro panorama interpretativo.  Entre sus últimos éxitos en taquilla encontramos la obra teatral “Glorious! La peor cantante del mundo” junto a Llum Barrera. Ahora mismo se encuentra centrado en otra de sus grandes pasiones, la Zarzuela.
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P.: Este año has presentado una vez más la entrega de los Premios Max, ¿cómo has visto el resultado de las candidaturas? 
A.R.: Pues sí, es la cuarta vez que colaboro en la Gala de los Premios y me pides que me moje… (risas) Bueno… yo, como todos los años, creo que los premios sirven básicamente para promocionar el teatro. Está muy bien ser finalista y que te otorguen un premio pero lo importante es la visibilidad de las artes escénicas en su conjunto. Es imposible que estén todos los trabajos merecedores de un premio pues depende en gran parte de una campaña de promoción. Salvo honrosas excepciones como la de la “Función por hacer”, un proyecto que nació con toda la humildad y que, por su propio peso, ha llegado al corazón de los votantes. No quiero decir con esto que haya finalistas que no lo merezcan sino que no es posible que trabajos que lo merecen estén representados en la Gala, puesto que los votantes no tienen la ocasión de ver todo lo que se presenta en la temporada teatral año tras año.
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P.: ¿Echaste en falta algún proyecto entre los nominados?
A.R.: Por supuesto, muchos… entre otros, los míos… (más risas) Aunque si te digo la verdad, me conformo con estar en la gala y hacer pasar a la gente un rato agradable.
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P.: La gran triunfadora de la noche fue “La Función por hacer”, ¿has podido asistir a alguna representación?
A.R.: Por supuesto, estoy muy unido a Kamikaze  Produccionesy a Miguel del Arco y Aitor Tejada. He trabajado en muchas ocasiones con ellos. Sin ir más lejos en “El proyecto Youkali” con el que seguimos con una modesta gira por el país. Y estar presente en la gala y entregarles personalmente premios, me llenó de orgullo y satisfacción… Me une una gran admiración por lo qué hacen y cómo lo hacen, aparte de la amistad.
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P.: Días después los medios apenas recogían el evento mientras que con otros premios como Los Goya el despliegue es inconmensurable, ¿esto  molesta de alguna manera a los que formáis parte del teatro?  ¿Por qué crees que no existe el mismo seguimiento, ya no solo de los medios sino también del público, por el teatro que por el cine?
A.R.: En mi modesta opinión, creo que es una cuestión de proyección, y nunca mejor dicho, lo de proyección. El cine, a pesar de ser una industria en pañales en nuestro país, maneja más dinero y perspectiva internacional que el teatro. Digamos que llega a más gente. En gran parte por el apoyo que reciben de las grandes multinacionales y distribuidoras del cine. Las artes escénicas, desde que aparecieron los medios audiovisuales, nos convertimos en la hermana pobre. Es muy difícil competir con la repercusión mediática que dichos medios manejan. Con las cantidades que se gastan algunas productoras de cine en publicidad se podrían montar muchas obras de teatro. Una compañía de teatro no puede permitirse ese lujo, es demasiado. Esto lo que provoca es que muchas productoras echen mano de cabezas de cartel, de nombres que les aseguren una repercusión en los medios y la asistencia del público. Pero paradójicamente, la asistencia de publico a las salas de teatro ha crecido durante estos últimos años mientras que la del cine ha bajado. Unas de las razones puede ser que la piratería afecta directamente a estos medios de masas; algo que no ocurre con las artes escénicas, como es lógico.
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P.: Se comienza a hablar de un momento de oro del teatro pero,  ¿esto hace referencia al aumento de la calidad de los proyectos o al de la afluencia de espectadores?
A.R.: Creo que se refiere a ambas cosas, ya que están ligadas; por un lado, la enorme competencia provoca que los productos ofrezcan cada vez más  calidad, y no lo olvidemos nunca, el teatro es un arte vivo y en constante evolución. La comunicación con el público es directa… es un ritual necesario, es el espejo de la sociedad; y en estos momentos de cambio y de crisis del sistema como el que estamos viviendo, donde parece que el mundo está cansado de manipulación de la información y de la ambigüedad de las imágenes, el teatro, esa gran mentira al servicio del cuestionamiento de las verdades, tiene mucho que decir y hacernos pensar.

P.:  ¿Se prioriza al ser contratado para proyectos teatrales el ser una cara famosa o en el teatro se valora más la calidad actoral?
A.R.: Es muy complicado y sería también muy simplista afirmar que es así categóricamente. Por supuesto, como he dicho antes, muchas productoras se tienen que asegurar el éxito de la taquilla, pero también es cierto que esto no siempre va unido a la calidad actoral. Hay actores famosos y otros que no los son para el gran público, de una calidad impresionante . No obstante,  tampoco siempre es responsabilidad de los actores el resultado final de los proyectos. El teatro es un trabajo de equipo y absolutamente todos, tanto el equipo artístico y plástico como el técnico, tienen que trabajar para que ese resultado sea el más óptimo.  Esto es, a mi juicio, lo que diferencia espectáculos redondos de otros que no lo son.

P.: Uno de tus últimos proyectos teatrales fue Falstaff, una versión del Enrique IV de Shakespeare dirigido por Andrés Lima, ¿por qué crees que después de tanto tiempo estas revisiones de los grandes clásicos siguen teniendo tan buen acogida? ¿Consideras que se debe apostar más por obras originales o siempre debe haber un hueco para este tipo de revisiones?
A.R.: Se debe apostar por cualquier función que tenga algo que contar, ya sea original o una revisión de clásicos universales como Shakespeare, Moliere o Lope de Vega, entre otros muchos. Eso es lo realmente importante. Para mí, es imperdonable salir a un escenario a no contar nada, a no comunicar, a no comprometerse con el arte, sin olvidar, eso sí, que nos dedicamos al espectáculo, además debemos entretener, divertir, emocionar, provocar…  Con respecto a Falstaff, como ejemplo, Andrés Lima, se ha basado en el Enrique IV de Shakespeare, para plasmar su propio punto de vista sobre el personaje, actualizándolo… empatizando con el público de ahora, mostrando un personaje lleno de vida y que conecta muy directamente con el pensamiento hedonista y materialista de nuestros tiempos, apelando a la ternura y a la amistad… destacando la traición en esta última como la más mortal de las traiciones.
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P.: En Falstaff trabajaste con la compañía Animalario uno de los equipos con más éxito y mejor valorado dentro del mundo teatral, ¿cómo fue formar parte del proyecto? 
A.R.: Bueno debo precisar que Animalario es un equipo, yo solo he trabajado a las ordenes de Andrés Lima, componente a la cabeza de la compañía, director y autor de muchas de sus obras. Formar parte del equipo formado por Lima y el CDN (Centro Dramático Nacional) ha sido todo un lujo. Es una de esas experiencias profesionales y vitales que pasan muy pocas veces en la vida de un actor. Entre otras razones, al margen de lo personal, porque en dicho proyecto, como con Miguel del Arco también, se conjugan todos los valores que defendí anteriormente. Compromiso, divertimento y amor por el teatro.
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P.: Ahora preparas una zarzuela para el Teatro Español, ¿Qué nos puedes contar de esto?
A.R.: Bueno, yo tengo la suerte de ser muy versátil. Esto no solo significa que tengo muchas opciones para trabajar sino que al mismo tiempo tengo el privilegio de hacerlo con gente de diversas ramas de las artes escénicas y eso es muy, pero que muy enriquecedor. En esta comedia lírica, comparto cartel con profesionales tan experimentados como Paco Valladares, Marisol Ayuso, Luis Álvarez, y un elenco de actores y cantantes  maravillosos que ya forman parte de mi cartera de admirados compañeros. Todo ello bajo las órdenes de unos de los directores más conocedores del género, Ángel Fernández Montesinos: un  pozo de sabiduría. Y además, en el teatro Español, la catedral del teatro español desde el siglo de oro.
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P.: ¿Por qué crees que la Zarzuela ha quedado reducida a un público determinado? ¿Crees que terminará perdiéndose?
A.R.: Porque es un género que soporta poco los cambios y no ha evolucionado. Hay que reconocer que los libretos están un poco anquilosados y obsoletos. Y es un género que no se ha regenerado, el musical americano  por el contrario, sí lo ha hecho; por eso copa los carteles. Pero creo que la zarzuela, y esto lo hablaba el otro día con Miguel del Arco,  necesita una vuelta de tuerca, una actualización de contenidos y de forma, compositores contemporáneos que se atrevan a ello y directores que se lancen a modificar los ya existentes…  si no, se convertirá en una pieza de arqueología sólo apta para eruditos y aficionados ortodoxos.

P.: Para terminar, a parte del teatro, ¿tienes algún proyecto para otros ámbitos interpretativos?

A.R.: Pues tengo muchos proyectos en el aire pero ya sabes como es esto, no se puede contar nada porque si no, se gafan. (Risas)

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Gracias a Ángel Ruiz por su atención, comprensión y profesionalidad.
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